miércoles, 10 de marzo de 2010

¿Hacia dónde va la Economía de Cuba?


por P. Boris Moreno(*)

La situación económica de Cuba se ha tornado bastante complicada y con visos de caer “en picada”, con “rizos” estremecedores como los acaecidos entre los años 1990 y 1994.
La política económica del gobierno no ha sido capaz de remontar la cuesta del PIB del año 1989, un año que por demás no fue bueno.

Dicha política ha estado marcada por una falta de definición tanto de perspectiva como de medios, secuestrada por la recentralización ideológica que quiere mantener a toda costa un orden de cosas que ahoga al país y que ahora, enfrentado a la severa crisis mundial, parece hacer aguas y sólo tiene como arsenal de respuesta las afirmaciones utópicas y el reajuste vía reducción fuerte de gastos que puede llevar a un colapso socioeconómico.

De esta probable situación ya han dado cuenta varios analistas económicos, tanto extranjeros como nacionales. Y para añadir un elemento más a la situación, el equipo económico del gobierno ha sido sustituido. Del nuevo no sabemos ni sus intenciones, ni propuestas, ni planes, quizá a tono con la prevalencia de lo ideológico que siempre ha primado sobre la racionalidad económica, a la cual sólo se le ha permitido dar algo de sí cuando el país ha naufragado en situaciones límites.

Es muy llamativa esta situación cuando siempre se ha hablado de una pretendida ventaja de la economía centralizada en base a su poder de planificar. Pero ya von Mises y von Hayeck habían alertado que este poder podía llegar a ser un poder utópico, sin base en la realidad económica.

La economía cubana, desde su frágil recuperación a partir de 1994, ha presentado una senda inestable de crecimiento del PIB, con retrocesos y ralentizaciones. Para el pasado año se esperaba un decrecimiento, lo cual alejaría aún más la posibilidad de alcanzar la cota de 1989 y hacía cercana una crisis que podría revertir los pocos logros de los últimos años. La política económica de estos años se ha fundado en los rubros del turismo, níquel, y en la promoción de los servicios, intentando poner coto al gravamen de unas importaciones que no pueden ser sostenidas por el crecimiento de las exportaciones. Unido a esto, se ha intentado fortalecer el mercado interno con el objetivo de revaluar la moneda nacional y animar la producción nacional. La entrada de remesas, que ha ido creciendo hasta ubicarse entre los dos primeros tipos de ingresos de divisas, ha sido otro elemento que ha caracterizado el desenvolvimiento económico cubano.

Pero la decisión de mantener un sistema económico que se cree imprescindible para eludir otras opciones políticas, a pesar de su manifiesta ineficiencia, el aislamiento del mercado interno con respecto al llamado “mercado emergente” o en divisas, la dificultad de contar con recursos financieros frescos y de largo plazo, la postración del agro y la industria con niveles de eficiencia muy bajos, y la indisponibilidad a potenciar las capacidades empresariales con reformas sostenibles, han hecho del período especial, comenzado en Cuba en el año 1990, un período normal.

A pesar de ciertos logros y la capacidad de posponer graves cuellos de botella en el sistema, la economía cubana se ve ahora enfrentada, debido a sus desequilibrios internos, y atenazada por la difícil situación mundial, a un entorno muy preocupante.

Esto se debe, entre otras causas a la caída en el número de turistas. Esta situación ha afectado grandemente los ingresos por este rubro y la casi irrentabilidad en la explotación niquelífera con una caída del precio en un 80 por ciento. Tales afectaciones pondrán en una situación agobiante a la balanza de pagos, que lleva el peso del estancamiento de las exportaciones frente a unas importaciones que han crecido en un 43 por ciento. Se ha determinado restringir los permisos de importaciones, pero esto ha puesto casi en una parada técnica a varias industrias que se sostienen vía importaciones. Es conveniente recordar la estructura muy poco dinámica de las exportaciones cubanas, que siempre ha sido un cuello de botella para financiar la capacidad de importar del país.
Caída de los ingresos via remesas. Por otro lado, los ingresos vía remesas, fundamentalmente provenientes de los Estados Unidos, se espera que caigan considerablemente debido a la crisis que experimenta con fuerza la economía estadounidense y que se resiente particularmente en los emigrantes recién llegados con trabajos poco remunerados y de gran precariedad.

Estos factores han incidido en ubicar a Cuba en una delicada y explosiva exposición financiera, incrementando la deuda externa y la razón de la misma para ser financiada por las exportaciones (380 por ciento), a la vez que se le han cerrado varias líneas de crédito y encarecido otras, agravando la iliquidez y corriendo el riesgo de insolvencia debido a que la estructura crediticia de los bancos cubanos está anclada en créditos de corto plazo. A esto se une el cierre de varias empresas mixtas que no pueden sostener unos costos tan gravosos, y no pueden expatriar ganancias ni pagos a proveedores.

Esta grave exposición financiera no puede ser compensada con créditos de organismos internacionales, ya que Cuba no pertenece a ellos.

Un importante “salvavidas” para el gobierno cubano lo representa el acuerdo energético con Venezuela y los pagos por los servicios de colaboración, pero la disminución del precio del petróleo, por debajo de los 80 USD por barril, ha mermado esta puerta de ingresos frescos.

El pago por resultados

Al interior, el elemento que como “lámpara de Aladino” ubicaba el gobierno para darle un vuelco a la situación de la producción y la eficiencia, a saber, el pago por resultados, no se ha extendido en el país y sus vaivenes parecen más el de un naufragio que el de una aplicación práctica. Sólo se favorece de este tipo de pago el 18 por ciento de la fuerza laboral. Por otra parte, no se puede olvidar que un elemento no hace una política económica; es imprescindible la concatenación de diversos elementos, coherentes entre sí y con los objetivos de política, para configurar el diseño económico. Diseño que debe estar orientado por una perspectiva, una dinámica y un tempo que le permitan a los agentes económicos ubicarse adecuadamente y extraer así los frutos esperados, sabiendo adaptar el mismo a las condiciones cambiantes del ambiente, mucho más en estos tiempos de globalización, donde la senda de cambio es muy rápida e incierta.

A todo este cuadro hay que añadirle el hecho de que la liquidez en manos de la población ha crecido considerablemente, marcando los números en rojo, y el crecimiento del déficit presupuestario que ha rebasado la barrera del 3 por ciento. Estos puntos preocupan porque pueden destapar una situación inflacionaria grave, similar con aquella del año 93 cuando 1 USD se cotizó en el mercado negro a 130-150 pesos. Recortes vía gastos pueden llevar a fuertes conmociones sociales ya que a pesar de que el salario nominal ha crecido en los últimos años, el crecimiento del salario real, que es el que importa, es decir, la capacidad de consumir bienes y servicios con el salario que se devenga, no llega a cubrir la brecha de necesidades básicas. Para más preocupación, algunos analistas prevén una reducción del salario real.

La connotación psicológica de esta situación debe ser tenida en cuenta. El remonte del foso de la crisis de los 90 entreabrió algunas esperanzas en la población de que se darían pasos que pondrían al país en una senda de sensatez y pragmatismo en la conducción económica. Ciertamente, estas expectativas no se vieron cumplimentadas, pero se estableció una tendencia inercial que, sin grandes avances, tampoco sin grandes retrocesos a partir de la situación de finales de los 90, permitía un mantenimiento de las grandes variables económicas. Con el cambio en el liderazgo del país y según los pronunciamientos del nuevo presidente, algunos auguraron la rápida implementación de ciertas políticas que, sin desmontar el andamiaje institucional existente, daría un respiro y quizá un viraje en el entorno económico de la nación. Pasados casi tres años de esos acontecimientos no se vislumbra ninguna señal de los prometidos cambios, la desesperanza se ha expandido y el horizonte de un agravamiento de la crisis, atenazada por el entorno internacional, pudiera romper la frágil cohesión social.

Los llamados a trabajar duro y con eficiencia no lograrán cambiar la situación. Las condiciones socioeconómicas de un país no cambian por los discursos o por decretos. Son imprescindibles decisiones que, por un lado, administren la crisis que se nos encima y, por otro, preparen las condiciones para un cambio de entorno que permita la emergencia de fuerzas empresariales que le den un tono dinámico a la economía cubana.

¿Qué medidas pudieran tomarse en estos dos niveles, pero que están íntimamente relacionados?

Aquí creo que hay medidas de “mínimo acceso”, llamémoslas así, que no implican grandes cambios en nuestra institucionalidad, y otras medidas necesitadas de “anestesia general” para encarar el núcleo de la enfermedad. Soy consciente de que estas medidas pueden ser controvertidas, pero estamos necesitados de un debate nacional que ponga en público las posibles sendas de nuestro errante caminar.

Entre las de “mínimo acceso” estarían las medidas que tienen que ver con la promoción del trabajo por cuenta propia, asegurando esto con una Ley que provea amparo jurídico a esta forma de trabajo con el objetivo de reducir la incertidumbre y la desconfianza que se ha instaurado entre esos agentes económicos. Debería regularizarse, reduciendo y sistematizando, las normas para supervisar el trabajo por cuenta propia. Creo que es necesario enviar una señal que exprese sin equívocos la aceptación del trabajo por cuenta propia en el entorno empresarial cubano. A futuro, una ley que ampare la pequeña y mediana empresa será necesaria. A esto debiera unírsele la aprobación y amparo de las actividades comerciales minoristas, fundamentalmente las que tienen que ver con los productos agrícolas.

La implementación del pago por los resultados debería ampliarse rápidamente, permitiéndoles a las empresas actuar autónomamente en lo que se refiere a la escala salarial, a la vez que se les asegure trabajar bajo restricciones presupuestarias fuertes. A futuro, una ley de empresa, de quiebra y de desempleo, serán necesarias.

La participación de la inversión extranjera debería contar con mayores seguridades en lo que se refiere a tiempo de participación, utilidades y su repatriación junto a otros pagos, regularización de los controles y la supervisión, entre otros.

La realización del presupuesto debería seguir en la medida de lo posible el principio de subsidiariedad. En cuanto a la transparencia presupuestaria me parece importante exigir que aparezcan todos los subsidios que por diferentes causales se realizan, poniendo coto a la práctica de pasar los mismos off the line , según la expresión técnica. En este sentido la creación de la contraloría sería muy adecuada.

Medidas de “Anestesia General”

Quisiera ahora perfilar algunas de las medidas de “anestesia general”. Creo que la primera y más importante, porque generaría un clima favorable al debate, sería el compromiso formal del gobierno en reconocer la capacidad de opinar de todos los ciudadanos sin que esto implique represalias de ningún tipo. Deberíamos eliminar de nuestro entorno los calificativos que restringen el intercambio de ideas y opiniones.

El cambio de la política de sustitución de importaciones a otra de promoción de exportaciones se hace necesario. Sólo así pudiera hacérsele frente al peso que representan las importaciones en la balanza de pagos de nuestro país, sin cortar el flujo de las importaciones, de las cuales dependemos grandemente. Para esto sería recomendable hacerle espacio a la banca internacional con posibilidad de operar.

La unificación de la moneda, con todo lo que ello implica, no debería retrasarse por más tiempo. Esto traería un mejor control contable, financiero y económico para las empresas y la economía en su conjunto, favoreciendo la toma eficiente de decisiones.

Una reforma empresarial es imprescindible, potenciando formas complementarias a la empresa estatal.

Nuestra institucionalidad debería experimentar un cambio de concepción, pasando los ministerios a ser centros de orientación y regulación de su rama.

No se debería demorar la entrada de Cuba en los mecanismos internacionales para poder viabilizar el flujo de recursos financieros frescos. Quizá haya algunos puntos políticos de fricción, pero en el proceso de negociaciones pudieran ventilarse.

La entrada de capitales debería privilegiarse con ofertas de inversión llamativas. Habría que tener en cuenta las experiencias de otros países, como Colombia y Chile, que han evitado los riesgos de salida imprevista de capitales. Debería constituirse el mercado financiero, insertándolo en el mecanismo global.

Obviamente, estas medidas no son conclusivas ni abarcan todo el entorno económico, pero pueden dar una idea del manejo bien difícil pero necesario que exige la economía, y el país en general, en aras de rebasar la crisis y desandar por una senda de crecimiento, estabilidad y desarrollo.

(*) Presbítero y Máster en Ciencias Económicas.
Escrito en Palabranueva. Net. Revista de la Arquidiócesis de la Habana. Enero 2010

martes, 9 de marzo de 2010

COMO MILTON FRIEDMAN SALVO A CHILE


por Rafael Pampillón (*)

Un artículo (“Cómo Milton Friedman salvó a Chile“) publicado,el 2 de marzo de este año, en The Wall Street Journal defiende que gracias a Friedman, los chilenos han sobrevivido al terremoto. El terremoto que sufrió Chile, la semana pasada, alcanzó una magnitud de 8,8 en la escala de Richter. Es decir, casi 500 veces más potente que el de Haití. Sin embargo, el balance provisional de fallecidos —795— es muy inferior a las 230.000 personas que se estima han muerto en Haití.
El autor (BRET STEPHENS) del artículo (How Milton Friedman Saved Chile), defiende que Friedman, y por extensión Pinochet, salvaron a Chile del terremoto. Señala que en 1973, el año en el que el gobierno populista de Salvador Allende fue derrocado por el general Augusto Pinochet, la economía chilena estaba en la ruina. La inflación alcanzaba una tasa anual de 1.000%, se habían agotado las reservas en divisa extranjera y el PIB per cápita era aproximadamente el de Perú y muy inferior al de Argentina.
Sin embargo, Chile tenía capital intelectual, gracias a un programa de intercambio entre la Universidad Católica y el departamento de economía de la Universidad de Chicago, por aquel entonces el hogar académico de Friedman. Incluso antes del golpe de estado de 1973, varios de los Chicago Boys chilenos habían redactado una serie de propuestas que equivalían a un manual para liberalizar la economía: drásticas reducciones del gasto fiscal y de la oferta monetaria; privatización de las compañías estatales y eliminación de obstáculos para la libre empresa, reducción del proteccionismo arancelario y fomento de la inversión extranjera.
En marzo de 1975, Pinochet se reunió durante 45 minutos con Friedman y le pidió que le escribiera una carta proponiéndole algunos remedios. Friedman respondió un mes más tarde con una propuesta de ocho puntos que reflejaba básicamente las ideas de los Chicago Boys. Pinochet designó entonces a una sucesión de Chicago Boys en los principales cargos económicos.
Durante el periodo militar (1973-1990) el PIB per cápita había subido 40% (en dólares de 2005) mientras las economías de Perú y Argentina se estancaron. Además los sucesores de Pinochet —una coalición de centroizquierda, elegida democráticamente— ampliaron las políticas de liberalización. El resultado es que los chilenos se han transformado en el pueblo más rico de América Latina. Tienen los niveles más bajos de corrupción, la tasa de mortalidad infantil más baja y el menor número de personas que vive por debajo del umbral de la pobreza.
Krugman en un artículo titulado “Fantasies of the Chicago Boys” publicado ayer en New York Times, opina lo contario y critica, como lo ha hecho siempre, a los Chicago Boys y a Friedman.
Sin embargo, hay que reconocer que en Chile la corrupción es muy baja. Y cuenta con uno de los códigos de construcción más estrictos del mundo, algo que tiene sentido en un país que está entre dos masivas placas tectónicas. Pero tener códigos es una cosa y hacerlos cumplir es otra. La calidad y consistencia de la aplicación de las normas es una muy buena “institución”. Y las buenas instituciones están muy relacionadas con la riqueza de las naciones. Mientras más pobre un país, más probable que se intenten reducir costes del hormigón, o use cemento de mala calidad, o se mienta sobre el acatamiento de las normas. En el terremoto de 2008 en Sichuan, China, miles de niños quedaron sepultados bajo escuelas construidas de acuerdo a los códigos.
¿Salvó Friedman a Chile de las consecuencias trágicas del terremoto?

(*) Escrito el 8 Marzo 2010 en Economy Weblog

EL CURSO MAS POPULAR DE HARVARD

Por David Fischman UPC.

Al leer el título, seguramente pensó en un curso de negocios, pero no es correcto. El curso más popular se llama "Mayor felicidad", y es dictado por Tal Ben Shahar. Atrae a 1.400 alumnos por semestre; 20% de los graduados de Harvard toman este curso electivo. ¿Por qué? Quizás porque está basado en las últimas investigaciones de psicología positiva y los hace cuestionar creencias y supuestos arraigados en nuestra sociedad.

Shahar plantea que la vida es similar a una empresa. Una empresa tiene ganancias, costos y tendrá utilidad en la medida en que sus ganancias sean mayores que sus costos. En la vida diaria, nuestros costos son nuestras emociones y pensamientos negativos, y nuestras ganancias, nuestros pensamientos y emociones positivas. Si tenemos en balance más pensamientos y emociones positivas en nuestra vida, la empresa de nuestra vida está logrando utilidades. Una persona con una depresión prolongada, sería como una empresa quebrada. Analice cómo está su vida en cuanto a las utilidades de felicidad. ¿Está en positivo o en rojo?

Muchos piensan que seremos más felices ganando más dinero, alcanzando nuestras metas egoístas, comprando aquel automóvil, o el televisor plasma tan anhelado. Pero comprar cosas solo nos da un placer temporal; no nos da una felicidad duradera. Numerosos estudios han intentado correlacionar felicidad con ingresos económicos y esta relación solo existe en las personas muy pobres. Una vez que un país supera los US$8.000 per cápita al año, ya no hay relación entre dinero y felicidad. Es lógico que el dinero traiga bienestar y felicidad a las personas pobres, pero muchos estamos en la carrera de lograr, ganar y comprar para "supuestamente" ser más felices. ¡Allí no radica la felicidad!

Shahar plantea que tener metas contribuye a la felicidad, pero depende del tipo de metas. Las que nos traen felicidad son aquellas que tienen un significado para nosotros, aquellas donde crecemos como personas, contribuimos y nos dan una sensación de conexión con los demás. Las que no nos traen felicidad son aquellas relacionadas con el dinero, la popularidad personal y nuestra imagen o apariencia. Una meta egoísta nos puede dar una sensación de placer temporal, pero una meta trascendente nos da mucha satisfacción y aumenta nuestra felicidad. ¿Cómo son sus metas? ¿Egoístas o trascendentes? Según Laurence Boldt, la sociedad nos convence de que "lo único que cuenta en la vida es lo que puedes contar", pero las investigaciones científicas demuestran lo contrario.

Otra estrategia es tratar de encontrar significado en nuestro trabajo. Los investigadores Dutton y Wrzesniewski analizaron a personas que trabajaban limpiando baños en hospitales y encontraron que había dos grupos. Aquellos que se sentían frustrados y aburridos en el trabajo y los que trabajaban motivados. Al investigar al grupo que trabajaba motivado, encontraron que esas personas percibían su trabajo más allá de la sola limpieza. Interactuaban más con los enfermos, doctores y enfermeras de forma creativa. Sentían que contribuían al bienestar de los demás y no solo a realizar un trabajo rutinario. En realidad el secreto estaba en cómo percibían su trabajo. ¿Cómo puede percibir mayor significado en su trabajo? ¿A quién puede servir y hacer una diferencia?

Hagamos un esfuerzo por lograr un balance en azul en nuestra cuenta de felicidad. No solo nuestro cuerpo nos lo va a agradecer. La buena 'vibra' trae salud, pero al estar más positivos atraeremos mayor bienestar a nuestras vidas.